Runas
Introducción a las Runas
EL sistema rúnico lo empleaban las tribus nórdicas y germánicas en el norte de Europa con motivos religiosos y seculares. Existe cierto debate entre los estudiosos, pero los primeros ejemplos de que las runas representan un lenguaje fonético aparecen alrededor del siglo H a. de C. El desarrollo del alfabeto rúnico fue algo bastante reciente, provocado por la creciente actividad comercial con los vecinos del Mediterráneo, que ya poseían un alfabeto plenamente desarrollado.
Antes de esa época, las runas eran principalmente un sistema mágico de pictogramas que representaban a las fuerzas y a los objetos en la Naturaleza. Se creía que al sacar la runa apropiada alguien podía establecer contacto con la fuerza de la Naturaleza que representaba ese símbolo.
A lo largo de los siglos se han usado por el norte de Europa varios alfabetos rúnicos, pero el más corriente es el Germánico o FUTHARK. Este alfabeto recibió su nombre por sus primeras seis letras: F, U, TH, A, R y K. Era el sistema más ampliamente usado entre el siglo n a. de C. y finales del siglo VIII, y es del que nos ocuparemos aquí. Este alfabeto consta de 24 letras y está dividido en tres grupos de ocho, llamados las Ocho de Freya, las Ocho de Hagall y las Ocho de Tir.
Lo que tenéis aquí es un libro sobre adivinación y magia rúnicas. Encontraréis poca información sobre la historia, costumbres o mitología de los pueblos nórdicos o anglosajones que emplearon estas runas. Estudiosos de todo el mundo han escrito muchos libros excelentes sobre estos temas, y en mi obra he elegido centrarme en el aspecto práctico de las runas, no en el histórico.
Con ello no quiero restarle importancia a un conocimiento básico sobre dichos temas. Resulta tan importante entender las realidades físicas y mentales de aquellos que crearon las runas como comprender el significado individual de las propias runas. Pues ¿qué son estas sino una extensión mágica de las experiencias y realidades de los europeos del norte? Al final del libro encontraréis en las lecturas sugeridas varios libros excelentes que abarcan esos campos, por lo que os insto a recurrir a ellos.
El objetivo de este libro es obtener tanta información rúnica útil de una sola fuente como sea posible. Principalmente eso va dirigido a beneficio del novicio. Hasta que comencé a compilar las notas que iban a convertirse en esta obra, empleé hasta cinco fuentes diferentes en mi búsqueda para descubrir la interpretación más precisa de las runas.
Tal como se puede esperar de una conducta tan desorganizada, a veces se consigue una respuesta y otras no. Moverse entre mucha información no es propicio en absoluto para lograr un verdadero significado interior de las runas en cuestión. Ese fue el periodo en mi desarrollo rúnico en el que aprendí que no se puede adivinar con exactitud de un libro. Ni de este libro ni de ningún otro. Los libros son, sencillamente, herramientas que nos ayudan a empezar y a estimular nuestra mente para que indague más y a aprender por nosotros mismos.
Resulta francamente desafortunado para nuestros estudios que hayamos nacido en el siglo XX en vez de, digamos, en el VI. Si viviéramos en el siglo vi, el chamán de nuestro pueblo nos podría haber transmitido sus conocimientos de forma oral. El chamán era el sumo sacerdote y mago de su pueblo. En él recaía la responsabilidad de cerciorarse de que las cosechas crecían, las cacerías tenían éxito y las mujeres fueran fértiles. También poseía el misterio de las runas. Con estas podía bendecir y maldecir, herir y sanar. También adivinar, y era por esta capacidad por la que tenía tanta demanda de todos, jefes y campesinos por igual.
Ha de recordarse que las runas eran MISTERIOS para esos pueblos, en todos los sentidos de la palabra. Eran FUERZAS, aliados secretos que los bien informados podían usar para muchos propósitos. Su empleo mágico le era confiado a un grupo muy reducido, y el conocimiento jamás se escribía para los ojos de los (quizá) indignos. Toda información se transmitía y aprendía de memoria. A través de un estudio diligente y un uso adecuado, las runas podían ayudaros a estar más cerca de los dioses y auxiliaros en la vida cotidiana.
Había runas para influir sobre el clima, ayudar a las cosechas y curar a los enfermos. Las runas se tallaban en muchos artículos. Armas, cuernos para beber, lanzas, proas de barcos y las maderas de las casas... cada uno tenía su propia combinación de runas para la suerte y la protección.
Las runas eran una parte importante de las vidas de esas gentes, y obtenían un cierto consuelo en ver sus poderosos símbolos incluso en los objetos más feos.
De hecho, lo que llamamos el estilo Tudor o entramado de construcción ha evolucionado de la arquitectura Fachwerk (entramado) germánica. La colocación de las maderas en ángulos en la escayola en un principio se llevó a cabo de ese modo para formar la silueta de una runa. Se creía entonces que esa forma impartía su poder y significado mágico al mismo edificio, que a su vez lo transmitía a la gente que vivía en su interior. Aunque los arquitectos modernos no se ocupan de las cualidades mágicas de sus estructuras, aún es posible discernir algunas runas en la disposición de las maderas de los hogares modernos. Si pasáis delante de una de esas casas, resulta divertido hacerlo, y también es un buen ejercicio para familiarizaros con los símbolos rúnicos.
Descubriréis que, si observáis y sois conscientes de ello, podéis hallar runas por doquier... en las ramas de los árboles, en grietas en las aceras, incluso en las figuras talladas en los bancos del parque. Cuanto más permitáis que las runas sean parte de vuestra vida cotidiana, más cómodos os sentiréis con ellas y más os hablarán de su significado interior.
Fue esta familiaridad lo que permitió que los pueblos que las empleaban aprovecharan su poder de forma tan eficaz. Como los dioses del norte, las runas impregnaron la cultura de los nórdicos y fueron una fuerza importante en su vida.
Por desgracia, en la actualidad no tenemos magos en los pueblos, y debemos depender de los libros. Incluso aquellos pocos de vosotros afortunados que algún día podáis recibir instrucciones personalizadas de un mago rúnico, debéis comprender que incluso el conocimiento de un maestro procede directa o indirectamente de los libros. Algunos de estos, por supuesto, son
mejores que otros. Lo que eleva a esos espléndidos libros por encima de los demás es la calidad de la percepción personal que los autores fueron capaces de aportar a la obra.
Esa calidad de percepción personales también lo que eleva a un mago rúnico por encima de otro, y es uno de los puntos más importantes que quiero recalcar en este libro. Claro que en este siglo debemos recurrir a los libros para obtener nuestros conocimientos fundamentales. Nadie lo discute. Pero, ¿qué hacemos con ese conocimiento una vez que lo poseemos? Proceder de forma mecánica y repetir material memorizado no basta. ¡Debemos pensar!Debemos tomar la información básica y transmutarla, como un antiguo alquimista, convirtiendo el plomo de la información rutinaria en el oro del verdadero conocimiento a través del elemento de nuestras experiencias de vida personales.
Una runa, como cualquier otro ideograma, es, sencillamente, un símbolo congelado de un estado o concepto real. El significado de esos símbolos puede cambiar radicalmente, dependiendo de la perspectiva del intérprete. Mediante el uso continuado de las runas y a través de la meditación sobre cada símbolo, se puede llegar al interior y conseguir una imagen más verdadera de ellos según la relación que mantienen con la propia vida de cada uno.
Algunos escritores han teorizado que los individuos con ascendencia de los habitantes del norte de Europa poseen una sintonía más natural con el simbolismo de las runas. Sin duda hay algo de verdad en ello, pero es esa actitud de superioridad racial lo que condujo al uso envilecido de las runas y los símbolos prerrúnicos, como la esvástica, por algunos círculos interiores del régimen nazi. Durante mucho tiempo, esa asociación distorsionó las impresiones que las personas corrientes tenían de los estudios rúnicos.
No existen dudas de que algunas personas serán más duchas que otras en el empleo de las runas, pero con estudio y pensamiento atento, cualquiera puede aprender a usar este sistema. Las runas son símbolos sencillos y robustos arraigados en el mundo natural, y, como tales, cualquiera los puede encarar y relacionar con aquellas fuerzas que conforman nuestro mundo natural. Algunas de esas fuerzas son amigas antiguas y familiares. Otros sistemas de adivinación como el Tarot, el I Ching, etc., aunque excelentes en sí mismos, tienden a escindir el intelecto europeo del norte de su experiencia física, porque no son nativos de su entorno cultural. Por ejemplo, si hemos vivido cerca de robles pero no de palmeras o granados, tenemos un aprecio físico del roble como un símbolo en las runas de un modo que no podremos tener de la palmera o el granado tal
como aparecen en La Sacerdotisa en el Tarot Si jamás hemos experimentado una palmer; en su entorno, podemos apreciar su simbolismo (solo) intelectualmente, mientras qu un roble lo podemos apreciar física e intelectualmente.
Todos tenemos nuestras propias experiencias personales de cosas como un roble, el ganado el granizo, el hielo, el Sol, etc., que aparecen en las runas. Depende de cada uno de nosotros del cubrir una interpretación rúnica personal par; ellas, pues sólo de esa manera seremos capaces de emplear el potencial completo del sistema rúnico. Estas interpretaciones se pueden descubrir y resolver a través de los sueños, los acontecimientos importantes o cualquier cosa que estimulé el subconsciente, como la meditación. El cuanto se aprenden dichas interpretaciones, s pueden emplear mediante la magia y la adivinación para avivar la imaginación individual y así daros a percibir la relación que tenéis con e mundo que os rodea de una forma diferente, lo que os capacita para efectuar cambios en vuestro futuro.
Sin embargo, jamás se debería dejar que las runas dicten vuestros actos. Su objetivo es se una herramienta para descubrir tanto vuestra identidad mágica como vuestros símbolos creativos arquetípicos, de manera que podáis recurrir a vuestro interior para solucionar vuestro dilemas. La capacidad de determinar el futuro no radica en los propios símbolos, sino en la mente que los emplea.
Las runas están para guiaros por vuestros problemas, mostrándoos lo más PROBABLE que puede suceder, dándoos variables y sugiriéndoos cómo deberíais comportaros si el suceso aconteciera. Igual que una carta astral, una lectura de runas es un mapa de algo que es probable que suceda, dada vuestra orientación en el mundo en el momento de formular la pregunta. No es un absoluto. No hay motivo para que os resignéis al desastre cada vez que las runas indican un problema. Claro está que podríais ser fatalistas y realizar preparativos para vuestro funeral porque una lectura indicó la alta probabilidad de un accidente en vuestro próximo viaje en coche, aunque también podríais decir «¡Aja!», tomar el mando, examinar las variables y encontrar una solución. Si de verdad tuviera tan mal aspecto, siempre estaría a vuestro alcance postergar el viaje hasta un momento más conveniente. ¡¡El conocimiento es poder!! No os resignéis automáticamente al Destino. Emplead la previsión rúnica, agarrad al Destino y obligadlo a seguir el sendero que deseáis.
De eso tratan las runas. De ayudaros a tomar el mando de vuestra vida. Sed sinceros, no habríais comprado este libro si no pensarais que os ayudaría a mejorar vuestra situación vital. Así que no desperdiciéis vuestro dinero y conocimiento
rindiéndoos ciegamente al Destino. Nuestros antepasados nos dejaron un gran legado en estos potentes símbolos que en la década de los 90 empezamos a comprender de verdad. No insultemos su recuerdo con un uso descuidado de su regalo.
Por favor, recordad que las runas nunca han de emplearse como un medio para ganar dinero rápido o tratarlas como un divertido juego de la Uija. Como seres humanos, os desempeñáis mejor cuando se os trata con mucho respeto, y a las runas les sucede lo mismo.
Al abrir este libro y recoger el juego de runas que fabricaréis, sois herederos de uno de los caminos más grandes y nobles, el del mago rúnico. Es un camino de gran responsabilidad y de gran poder. Estudiad con ahínco y escuchad siempre a vuestra voz interior. Dejad que hable dentro de vosotros y seguid sus consejos, esté o no de acuerdo con vuestros libros. Jamás permitáis que un libro (o una persona) os alimente con absolutos. Yo dudo de la sinceridad de cualquier libro o forma de instrucción que dice: «Si no hacéis exactamente lo que os digo, los dioses se enfadarán y los cielos se abrirán sobre vosotros». Cualquier persona o curso de estudio que no deje espacio para la percepción personal e individual solo está satisfaciendo su ego. Encontrad vuestro propio camino y seguidlo. En nuestro mundo agitado y lleno de traumas resulta muy fácil dejar que otros nos guíen por la nariz. No hay sitio para ello cuando se trata con las runas, ya que estas nos animan a explorar los mundos y a hacernos preguntas. Recordad siempre la ley del karma, cualquier cosa que reflejéis, ya sea positiva o negativa, os volverá como la luz que rebota en un espejo, a menudo con más fuerza.
Se debe recalcar que el conocimiento rúnico «es abierto». Es decir, los libros únicamente os pueden aportar lo básico; no pueden proporcionaros el cuadro completo. Para el individuo de talento y el estudioso, no existen límites para las aplicaciones que se pueden hallar en cuanto se consigue una comprensión básica y personal de cada runa en relación con el mundo natural y sus vecinas.
El camino rúnico solo ha aportado cosas buenas en mi vida, y si vosotros lo encaráis con igual entusiasmo, os beneficiará del mismo modo.