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Los Chakras y sus Cristales: Quinto chakra VISHUDDA

 

El don del conocimiento

Nombre: VISHUDDA (Puro).

Situación: plexo de la carótida, garganta, nuca. Color: azul

Glándula asociada: tiroides.

Nuestro quinto don recibe del arco iris el color vivo del azul. Está situado a la altura de la garganta, entre las clavículas, y por eso se le llama el Chakra de la Garganta o también de la Comunicación o del Conocimiento.

Ahí reside el don del Mental Superior o nuestro Maestro Interior, la sabiduría que proviene del verdadero conocimiento de uno mismo y de las leyes que ri­gen la vida. Es la toma de consciencia de nuestro papel en la vida y del personaje que, ahora, como actores, estamos interpretando. Yano somos el personaje y sí el ser que interpreta su personaje humano.

El conocimiento ofrece a nuestro personaje la liberación de la esclavitud del ego y la reconquista de la totalidad de nuestro ser actuante. Es un renacimiento, o mejor, una resurrección consciente hacia un nuevo modo de vivir, donde nos es revelada la verdadera naturaleza de nuestro ser.

Aun así, a la vez que nos es dada la libertad, se nos exige responsabilidad. Cuando conocemos la verdad, debemos manifestarla en nuestra vida. Entonces pasaremos a ser la expresión viva de esa verdad caminando sobre la tierra.

Por eso, el quinto chakra habla también del modo de expresión de cada uno. Cómo expresamos nuestras verdades, cómo comunicamos aquello que sentimos o, en contrapartida, aquello que tenemos que «engullir» y la incapacidad de expresar los verdaderos sentimientos a los demás y a nosotros mismos.

El quinto chakra es el centro del cuerpo sonoro, de las vibraciones sonoras que crean las palabras y expresan las emociones. Es el poder creador de la palabra hablada, pronunciada (¡ Y Dios dijo: Hágase la Luz!). La palabra es la verdad y el poder cuando es pronunciada de modo consciente y correcto.

Como en la música, las palabras deben tener un ritmo, un timbre y una melodía, de acuerdo con lo que desean expresar. Esto es evidente para un actor, un orador, un político o un embustero. Si él desea conquistar un determinado grado de empatía con la tribuna, con el electorado o con la víctima, sin duda, deberá ser totalmente convincente en el tono de sus palabras. La voz expresa aquello que viene del corazón. Es muy fácil observar esto en los niños, en los locos y en los animales. Sus lloros, risas, latidos, maullidos y mugidos expresan fielmente el estado de espíritu de ese ser, en ese momento. Ya el ser humano, más «sofisticado», aprendió a esconder, o a intentar esconder, su verdadero estado de espíritu a través de las palabras huecas, plásticas, vacías, sin vida, que buscan adaptarse a las necesidades y carencias del personaje. Son palabras sin poder de vida y, por ello, sin poder de dar a la vida, de dar rumbo a la vida.

El sonido es un mantra, es la música, es el lenguaje del espíritu que se manifiesta, a través del alma, en nuestro cuerpo físico. Pero, para llegar a ese lenguaje del espíritu, como en la música, solo es posible a través de la sensibilidad que existe en nuestro corazón para vibrar en armonía con esos acordes. Solo puedo conocer a Dios en el momento de sentirlo.

Cuando el chakra está bloqueado, la persona no consigue hablar aquello que siente, expresarse, co­municar su verdad personal. Vive «tragando sapos», su libertad de expresión se ha paralizado, la censura y la autocrítica bloquean su voz. Y, así, su voz va desapareciendo a la vez que sus hombros van subiendo.

Cuando el chakra está hiperactivado, la persona se considera siempre la «dueña de la verdad»: casi la «portavoz de Dios». Tiene el don de la palabra, pero nada que decir con ella.

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