Los cristales como maestros de fuerza, amor y sabiduría

Encuentro que no es necesario hablar de las innumerables cualidades prácticas de los cristales en nuestra vida cotidiana. La informática, el láser, la relojería, las telecomunicaciones son apenas un pequeño ejemplo y ya son suficientes para constatar y consagrar su valor entre nosotros.

Anteriormente vimos que los cristales son seres de luz, manifestación cristalizada del Espíritu. Esta luz espiritual cristalizada puede desdoblarse y manifestarse en tres segmentos diferentes:

FUERZA: Es la manifestación vital e instintiva del Espíritu en el cuerpo. Es la energía vital, material y sexual. Es fundamental para el poder personal de realización de nuestros objetivos, deseos e ideas sobre la Tierra.

AMOR: Es la manifestación sentimental y emocional del Espíritu en el alma. Es la energía de la unión con la vida y con los seres amados. Es fundamental para la experiencia y la expresión de la felicidad, para el Sagrado Corazón que late en cada pecho.

SABIDURÍA: Es la manifestación intelectual del Espíritu en la mente. Es la energía del pensamiento que comprende y conduce los principios teóricos y prácticos de la propia vida. Es fundamental para la autoconsciencia, el conocimiento del sí mismo y de los principios y leyes que rigen el Universo.

Cuando decimos que los cristales son maestros de fuerza, amor y sabiduría, queremos afirmar que, como representantes del plano Espiritual, actúan sobre los otros tres planos de la existencia, o sea: el físico, el emocional y el mental.

Esto quiere decir que, en el plano físico, existen cristales que ayudan a fortalecer la vitalidad, la fuerza física, la sexualidad, la capacidad de trabajo y de acción, el bienestar corporal y material, la propia salud física, de modo que podamos construir, en la práctica, nuestra existencia sobre la Tierra.

En el plano emocional, vemos cristales que ayudan a abrir el corazón hacia los demás y a la vida, a dar y recibir amor y afecto, a realizar los verdaderos deseos y sueños según la voluntad del Espíritu, y a sentir la felicidad real de estar vivo, para que se pueda, así, entrar en contacto y en unión con la propia alma.

En el plano mental existen cristales que nos ayudan a abrir la mente hacia el entendimiento de las le­yes que rigen el Universo y nuestro verdadero papel en la vida, a dejar de ser racionales y críticos y a colocar el ego en su debido lugar, que es el del personaje y no el del actor de esa vida. Estos cristales nos ayudan a tener claridad y objetividad para atraer la prosperidad, a tener voluntad y firmeza de carácter para dirigir el rumbo de la existencia y para ver la individualidad uniéndose a la Espiritualidad para realizar su voluntad en la vida.

Por último, existen todavía cristales que nos ayudan a conectar con la mayor fuente de energía, que es la propia luz del Espíritu y, en acción conjunta con la meditación, nos ayudan a volver a la luz de donde vinimos, o a traerla hasta nuestras vidas, transformando nuestro cuerpo en un verdadero cristal humano..

 

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