Evolución del Tarot
El verdadero problema que se nos presenta cuando intentamos situar en el tiempo la aparición del Tarot y su posible evolución, consiste en la escasez de ejemplares, muchas veces láminas sueltas que no llegan a formar un juego; y cuando se recupera uno completo (o casi) es muy difícil saber con certeza si se trata de un original o una copia, o si no es el que se creía, como sucedió con el Tarot llamado de Carlos VI.
y es que las láminas del Tarot debían pintarse sobre delgadas láminas de marfil, hueso, pergamino y, posteriormente, papel, soportes delicados y de difícil conservación. Si a esto añadimos que pintarlas a mano las encarecía notablemente, se comprenderá que fuesen tan pocas las colecciones que llegaron a realizarse y que sólo los verdaderos potentados pudiesen permitirse el lujo de encargarlas.
Luego, a finales del siglo XIII y principios del XIV, la fabricación del papel alcanzó cierto desarrollo, y posteriormente, con la invención del grabado pudo popularizarse la fabricación de barajas, pero la calidad resultante disminuyó notablemente y las colecciones verdaderamente artísticas siguieron pintándose a mano.
